A mentira da fusión das caixas

A fusión das caixas non era algo inevitable nin necesario. Nesta entrevista, o economista Xavier Vence desmonta os argumentos interesados, entre eles os do Banco de España, defensor acérrimo dos intereses privados, que promoveron esta fusión. O que necesitamos non é unha caixa única, senón un sistema de caixas cun tamaño adecuado ó seu territorio de implantación, cun sentido ético e solidario da súa actividades. Nin mais, nin menos.

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Xavier Vence Deza – Catedrático de Economía Aplicada

“La economía gallega puede sostener y necesita a las dos cajas sin fusionarse”

“La integración provocaría un monopolio ´de facto´ en muchos concellos por cerrar oficinas”

 JULIO PÉREZ – VIGO En el debate más intenso, y más transcendental por sus implicaciones sociales, económicas y políticas, abierto en Galicia en los últimos años, qué curioso, pocos quieren hablar. Hay muchos intereses en juego detrás del futuro de las cajas gallegas. Por eso sorprende la posición, rotunda, de uno de los catedráticos de Economía más reputados de la comunidad. “La fusión no es necesaria”, defiende Xavier Vence, convencido, no sólo de que Caixanova y Caixa Galicia tienen dimensión “más que suficiente” para adaptarse al nuevo escenario del sector, sino de que la economía las necesita “y puede sostenerlas” así. Si el problema es su salud interna, el profesor de la Universidad de Santiago apuesta por una reestructuración interna como la mejor opción.
–El debate de la reestructuración, ¿se forzó? ¿Sería posible seguir con el actual mapa?–Hay situaciones diferentes. En Cataluña, como ocurre en Andalucía o Castilla y León, tienen una docena de cajas, algunas de un tamaño muy pequeño, municipal, y la fusión es defendible por operatividad. Ese proceso en Galicia ya se vivió. No pueden aducirse razones de tamaño para justificar la necesidad imperiosa de fusión. Su dimensión es más que suficiente para ser eficientes, competitivas y cubrir las necesidades de financiación del tejido productivo. Otra cosa es que haya otros objetivos detrás.

–¿Sabemos todo lo que deberíamos saber sobre su situación?

–La información pública de los balances trimestrales posiblemente no aporta todos los datos que necesitaríamos para calibrar los imprevistos. Alguna información sensible sobre posibles problemas a corto plazo que no está reflejada adecuadamente en esas publicaciones y que supongo que tiene la Xunta, supongo, debería tenerla, y el Banco de España y supongo que la tienen los consejos de dirección de las entidades.

–¿Podría ser esa la causa de que se intensificase el debate?

–Las prisas en Galicia pueden venir más motivadas por la lógica política y los intereses estratégicos que están en juego. Lo que sí creo es que la Xunta debería tener toda la información y actuar en consecuencia y, ante la inviabilidad a corto plazo en alguna de ellas, tomar medidas extraordinarias. Lo primero, depurar responsabilidades en las direcciones por una gestión errónea. Si no se toman, cabe pensar que tampoco hay una situación tan extrema. En caso de que lo fuera, en particular lo que se dice de una de ellas, que puede tener problemas a corto plazo, se podría solucionar con una reestructuración de los activos de la entidad para garantizar el núcleo del negocio. Podría reducir su dimensión, la red de oficinas, las inversiones. Sería preferible una opción de ese tipo en vez de creer que la solución es la fusión.

–Porque, ¿hay más opciones que la integración?

–Sí. La economía gallega es de una dimensión suficiente para sostener y precisar dos entidades como las cajas actuales. La fusión daría lugar a una concentración excesiva del negocio, pero es que hay áreas concretas, en muchos concellos, en los que se daría un monopolio de facto. Habría una reducción de competencia muy negativa para los clientes, los demandantes de crédito y los empresarios, que corren el riesgo de que de la fusión salga una entidad demasiado grande con poco interés en tener tratos financieros con determinadas pymes. La opción de poder acudir a dos cajas y las condiciones de negociación del crédito desaparecerían.

–¿Es comprensible la oposición de los empresarios del sur o es una imprudencia?

–Es un acto de responsabilidad y de defensa de los intereses legítimos y lógicos del tejido productivo, donde se juegan los intereses del país y de la mayor parte de la fuerza laboral que tenemos. Las entidades deben estar al servicio de la economía y no al revés.

–Los políticos no están siendo tan claros.

–Están siendo calculadamente ambiguos e hipócritas a veces en el caso de PP y PSOE, que se ven entre dos aguas, entre la posición de recentralización de competencias en el sector que quieren sus partidos a nivel nacional y la defensa de los intereses del país. El BNG tiene una posición más defendible, aunque matizable en algunos aspectos, con claridad en que lo importante es la galleguidad.

–Pero el Bloque también matiza su discurso en función del momento, de quién hable e incluso dónde.

–A mí me da la sensación de que su línea básica de defensa son las competencias de Galicia y la galleguidad del centro de decisión. Lo que yo no comparto es que si para eso es necesario una fusión, que se haga. Esa fusión no es necesaria.

–El Sistema Institucional de Protección (SIP), ¿es un buen instrumento o un arma de doble filo?

–Un arma de doble filo porque se plantea como instrumento provisional para preparar el camino a una fusión total. Obviamente, en la medida en que es reversible, si hay una estrategia clara de preservar el carácter, la personalidad de cada caja y de no llegar al final del proceso, entonces podría ser admisible como una solución transitoria. Pero eso debería quedar claro desde el principio. No tengo claro hasta qué punto puede darle músculo a las entidades que participen, pero si en algún caso puede cumplir la función de fortalecer, podría entenderse. Incluso a nivel gallego, siempre y cuando no implicase la fusión.

–Al final, ¿es una cuestión más política que técnica?

–La iniciativa de fondo responde a una estrategia política, más o menos latente desde hace mucho tiempo con los planteamientos del Banco de España y el Gobierno central para retirar las competencias de las comunidades sobre el sector dentro de una aspiración de recentralización más general y que se apoya ahora en la crisis económica, financiera y el estado de shock creado en la sociedad. Hay otra razón, con los bancos intentando limitar la competencia de las cajas, que suponen ya la mitad del sistema financiero. Las fusiones les obligarán a desinvertir en oficinas y empresas y los bancos tendrían así una ocasión de oro para hacerse con esos activos y ampliar fácilmente su red. El siguiente paso, más allá del medio plazo, sería privatizar las cajas.

–Supongo que se refiere a las cuotas participativas que tendrán que emitir las cajas que acudan a los fondos públicos, al FROB.

–Claro. Cuotas participativas que pueden dar derechos políticos, de decisión en los consejos y también una remuneración, convertidas en acciones. Una oportunidad también para que la banca entre de lleno en el negocio de las cajas. En esa misma estrategia confluirían los intereses de directivos que están al frente ahora de algunas cajas, sobre todo las grandes, para dejar de ser meros directores generales y convertirse en banqueros. Son muchos intereses, sí, los que provocan esta transformación de gran alcance en el mapa, la estructura y, al final, en la propia naturaleza de las cajas.

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